Economía circular en arquitectura

Los residuos de la construcción son aquéllos que se generan a lo largo de todo el proceso de materialización y vida útil de un edificio y que engloba el proceso de extracción y producción de materiales, la puesta en obra y el desmantelamiento al final de su vida útil incluyendo las sucesivas rehabilitaciones que se lleven a cabo.

Debido a su volumen, los residuos de construcción y demolición (RCD) representan el mayor porcentaje de residuos de la Unión Europea llegando a suponer hasta 1/3 del total de residuos generados en el continente.

Una adecuada gestión de residuos de la construcción no solo supone beneficios a nivel medioambiental, sino que genera oportunidades de recuperación y reutilización de materiales promoviendo una economía circular en arquitectura.

El hecho de abordar el proceso de construcción teniendo en cuenta todo el ciclo de vida de un material o sistema pensando en su posterior desmantelamiento o reutilización, es clave para promover una política de reciclado de materiales de buena calidad que garanticen su reutilización.

Introducción a la economía lineal y circular

La problemática de la economía lineal

Gran parte del problema actual en la gestión de residuos parte del modelo establecido basado en la economía lineal en el que se produce, se utiliza y se desecha un producto al final de su vida útil sin tener en cuenta las consecuencias medioambientales del residuo.

Se trata de una concepción basada en el capitalismo más puro, en el que el beneficio solo se mide en función del resultado económico de la actividad productiva sin tener en cuenta el impacto sobre las personas y sobre el medioambiente.

Una empresa crea un producto, lo pone en circulación en el libre mercado y deja de ser responsable del mismo más allá de la garantía de reparación obligatoria durante dos años. Un ciclo insostenible destinado indudablemente al fracaso en un planeta de recursos limitados y con un frágil equilibrio medioambiental constantemente alterado por la actividad humana.

Si bien hay vías para el reciclaje o la reutilización, la falta de regulación y tasas impositivas en relación a la posibilidad de separar, reutilizar o reciclar un producto deja en manos de la empresa privada la viabilidad de estos procesos, cuyo coste económico y ambiental muchas veces es demasiado elevado para que sea rentable.

De hecho, menos de la mitad de los residuos que se generan a nivel mundial cada año se consiguen reciclar. Los estudios concluyen que de 60.000 millones de toneladas de materia prima que extraemos al año a nivel mundial, la mitad no se regenerará y pasará a convertirse en residuo que acaba en vertederos, mares o incineradoras – con el coste medioambiental que ello supone-. Estos residuos suman ya un total de 2.000 millones de toneladas generadas cada año.

Se calcula que en el año 2050 el consumo mundial del planeta Tierra será el equivalente al de tres planetas, e incluso se prevé que la demanda aumente en materias como la biomasa, los combustibles fósiles, los metales y los minerales. Si seguimos a este ritmo, la generación anual de residuos se incrementará en un 70% de ahora a 2050.

¿Qué es la economía circular?

La economía circular es un concepto económico en el que los productos, materiales y recursos se mantienen en circulación durante el mayor tiempo posible.

Esta circulación constante elimina la extracción de nuevas materias primas y reduce o minimiza la generación de residuos lo que convierte el proceso en un sistema cerrado y sostenible.

La economía circular prioriza la producción de servicios frente a la economía de productos. Si añadimos la opción de reparar o actualizar un producto, desaparece la necesidad de comprar uno nuevo, y puede ser la misma empresa productora la que nos ofrece el servicio de reparación o recuperación.

Esto solo se puede llevar a cabo si conseguimos eliminar la competitividad entre empresas para pasar a generar asociaciones o clústeres de cooperación en los que la producción de materia prima y la recuperación de los residuos se plantea de forma conjunta. De forma que una empresa que apuesta por una economía circular, eliminando la generación de residuos, no pierda competitividad y venda un producto más caro en comparación a una empresa que no lleva a cabo procesos de gestión sostenible.

El concepto de economía circular no se ha atribuido a un único autor o fecha sino que es un concepto que distintas asociaciones o líderes de pensamiento han ido acuñando para proponer alternativas viables a procesos obsoletos de producción.

Uno de ellos es el el arquitecto y economista Walter Stahel, que, en 1976, esbozó la visión de una ‘economía en bucle’ y su impacto en la creación de empleo, competitividad económica, ahorro de recursos y prevención de residuos. Se le acredita la invención de la expresión «Cradle to Cradle» (de la cuna a la cuna) a finales de la década de los setenta.

Stahel menciona que la economía circular debe considerarse como un concepto genérico que gravita en torno a un conjunto de principios básicos. Hace referencia a cuatro objetivos principales: la extensión de la vida del producto, los bienes de larga duración, las actividades de reacondicionamiento y la prevención de residuos.

En arquitectura, el concepto Cradle to Cradle fue ampliamente desarrollado por el también arquitecto William McDonough que lleva más de 20 años divulgando y proponiendo soluciones para mejorar la forma en la que construimos y habitamos reduciendo nuestro impacto y manteniendo un circulo constante de generación y recuperación de recursos.

En cuanto a asociaciones que promuevan el concepto, uno de los organismos más relevantes a nivel internacional es el foro NESI, el primer Foro Global sobre Nueva Economía e Innovación Social. En el foro NESI se dedican no solo a la concienciación y divulgación de los principios de la economía circular en todos los sectores, sino que además han generado una plataforma colaborativa para que usuarios de todo el mundo puedan proponer proyectos.

Algunos de los más destacados son una red de municipios comprometidos con el cambio de modelo económico y varios proyectos alrededor de la soberanía alimentaria, la moda sostenible o la energía del futuro, todo ello a través de la atención a temas como la diversidad y el empoderamiento femenino.

A nivel español, encontramos la Fundación Economía Circular (FEC) que se dedica mayormente a investigación, divulgación y formación.

Niño en tarima de una casa de madera

Marco Normativo UE

Teniendo en cuenta de que la mitad de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI) y más del 90% de la pérdida de biodiversidad y del estrés hídrico se deben a la extracción y la transformación de los recursos, el Pacto Verde Europeo – la hoja de ruta para dotar la Unión Europea de una economía sostenible – inició una estrategia con el objetivo de lograr la neutralidad climática de aquí a 2050.

Para cumplir esta aspiración, la UE pretende acelerar la transición hacia un modelo de crecimiento regenerativo que devuelva al planeta más de lo que toma de él, avanzar hacia el mantenimiento de un consumo de recursos dentro de los límites del planeta y esforzarse por reducir su huella de consumo y duplicar la tasa de utilización de material circular en la próxima década.

Para alcanzar todo esto, ha generado un marco normativo mediante el establecimiento del nuevo Plan de Acción de Economía Circular, que constituye uno de los principales bloques del Pacto Verde Europeo, la nueva agenda europea para el crecimiento sostenible.

El nuevo Plan de Acción anuncia iniciativas a lo largo de todo el ciclo de vida de los productos, dirigidas, por ejemplo, a su diseño, promoviendo procesos de economía circular, fomentando el consumo sostenible y garantizando que los recursos utilizados se mantengan en la economía de la UE durante el mayor tiempo posible. Introduce tanto medidas legislativas como no legislativas dirigidas a ámbitos en los que la acción a nivel de la UE aporta un valor añadido real.

Algunos de los objetivos más destacados son los siguientes: hacer de los productos sostenibles la norma en la UE; empoderar a los consumidores y compradores públicos; centrarse en los sectores que utilizan más recursos y donde el potencial de circularidad es alto (como electrónica y TIC, baterías y vehículos, embalaje, plástica, textiles, construcción y edificaciones, comida, agua y nutrientes); asegurar menos desperdicio; hacer que la circularidad funcione para las personas, las regiones y las ciudades; y liderar los esfuerzos globales sobre economía circular.[1]

Entrando más específicamente en la economía circular en arquitectura, ya en 2016 la Comisión Europea establecía un Protocolo de gestión de residuos de construcción y demolición en la UE, identificando que una de las mayores dificultades a la hora de reciclar estos residuos de demolición es la falta de confianza en la calidad de los materiales resultantes. Debido a ella, se reduce la demanda de materiales reciclados de construcción y el desarrollo de la gestión de residuos de construcción y demolición y de las infraestructuras de reciclaje en la UE.

Las medidas propuestas contribuirán a alcanzar el objetivo de la Directiva marco de residuos de reciclar el 70% de los residuos de construcción y demolición en 2020, cerrando así el ciclo de vida de los productos mediante el aumento del reciclaje y la reutilización.[2]

La economía circular en nuestro país. Marco normativo y su aplicación en el sector de la construcción

Marco normativo en relación a la economía circular en España

A nivel español, el marco normativo viene establecido por el Boletín Oficial del Estado, mediante un Real Decreto por el que se regula la producción y gestión de los residuos de construcción y demolición, proponiendo una normativa específica para el flujo de residuos basada en la responsabilidad del productor.[3]

Entre las obligaciones que se imponen al productor, destaca la inclusión en el proyecto de obra de un estudio de gestión de los residuos de construcción y demolición que se producirán, que deberá incluir una estimación de su cantidad, las medidas genéricas de prevención que se adoptaran, el destino previsto para los residuos, así como una valoración de los costes derivados de su gestión.

Como medida especial de prevención, se establece la obligación de hacer un inventario de los residuos peligrosos que se generen, proceder a su retirada selectiva y entrega a gestores autorizados de residuos peligrosos.

El tratamiento de residuos, tanto inertes como peligrosos, solo puede efectuarse mediante las llamadas plantas móviles en centros fijos de valorización o de eliminación de residuos o mediante depósito en un vertedero. De hecho, se prohíbe el depósito en vertedero de residuos peligrosos que no hayan sido sometidos a alguna operación de tratamiento previo.

Además, dicta que la reutilización de residuos inertes procedentes de demoliciones para la construcción se considere una operación de valorización, fomentando así la utilización de estos nuevos materiales reciclados.

Diagrama EEEC

Estrategia Española de la Economía Circular 2030

El pasado junio de 2020, el Consejo de Ministros aprobó la Estrategia Española de Economía Circular (EEEC) 2030, que plantea una serie de objetivos para la fecha límite que lleva por título.

Los más destacados son la reducción de un 30% el consumo nacional de materiales y un 15% la generación de residuos, tomando como referencia el año 2010.

Además, se propone la reducción de residuos de alimentos en toda cadena alimentaria: un 50% a nivel de hogar y un 20% en las cadenas de producción y suministro a partir del año 2020.

Finalmente, propone el incremento en la reutilización de los residuos municipales generados en un 10%, que está estrechamente relacionado con la aplicación de la economía circular en arquitectura, así como la mejora de la eficiencia en el uso del agua un 10% y la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero por debajo de los 10 millones de toneladas de CO2 equivalente.[4]

Asociación Española de demolición, descontaminación, corte y perforación

Concretamente en el sector de la construcción, en España tenemos varias asociaciones que están empezando a implementar procesos relacionados con la economía circular como son a AEDED (Asociación española de demolición, descontaminación, corte y perforación) que en los últimos años ha propuesto añadir la figura de un nuevo agente en el flujo de actores implicados en un proceso de producción: el gestor RCD. Su labor consiste en reutilizar o valorizar materiales provenientes de demoliciones. La diferencia entre ellas es que reutilizar implica conservar la función original del material en otra obra, mientras que valorizar consiste en usar el residuo para cualquier otra finalidad útil.[5]

La producción media de RCD en España en el periodo de 2011-2015 corresponde a 18,8 Millones de toneladas, es decir 0,405 toneladas/habitante/año. Se trata de valores de recuperación al alza, puesto que representa la mitad de producción de los RCD que se generaban anteriores al año 2008.[6]

Green Building Council España y la economía circular

El Green Building Council España (GBCe) se costituye en el año 2009 como plataforma de encuentro y diálogo asociada a la red internacional del World Green Building Council.

Trabaja en la implementación de la llamada Certificación VERDE, un valor añadido en la compraventa de un inmueble que evalúa la calidad ambiental interior (aire, luz, ruido, confort), la gestión de los recursos (energía, agua, materiales), la integración social (accesibilidad, formación, comunicación) y la calidad técnica (monitorización, documentación, mantenimiento) de un edificio.

Además, ha generado una base de datos denominada Plataforma de Materiales que provee información transparente y relativa al impacto ambiental a través de las Declaraciones Ambientales del Producto (DAP), que analizan el ciclo de vida de los productos y sus emisiones de carbono.

Otro material interesante son sus publicaciones, algunas de carácter más divulgativo que hacen referencia a los valores sociales en intervenciones urbanas y otras muy técnicas, como es el caso del Informe de Indicadores para Medir la Circularidad en el sector de la Construcción.

Se trata de una propuesta pionera que hace un análisis muy completo del ciclo de vida de un edificio, a través de indicadores a corto y largo plazo, que corresponden a la fase de construcción y la vida útil del inmueble. Especifica mucho los criterios y detalles del cómputo, a la vez que se apoya en fuentes existentes de indicadores con datos sobre edificación y economía circular, aplicando el principio de la cooperación que defiende este nuevo modelo económico.[7]

Estructura de madera

Referencias de economía circular en arquitectura

William McDonough y el concepto “Cradle to Cradle” (de la cuna a la cuna)

Uno de los nombres más relevantes cuando hablamos de economía circular en arquitectura es el de William McDonough, un arquitecto estadounidense que lleva más de 20 años promoviendo la implementación del concepto “de la cuna a la cuna” (economía de producción circular) que viene a sustituir el actual “de la cuna a la tumba” en referencia a los procesos productivos con inicio y fin. En el año 2002, Mcdonough escribe junto al químico Michael Braungart el libro Cradle to Cradle: remaking the way we make things.

McDonough es un arquitecto que ha dedicado su vida a este concepto, que traduciríamos como ‘de la cuna a la cuna’, proponiendo cambiar el fin de juego por el juego infinito.[8]

Se trata de una filosofía ideada en los años ‘70 que permite ser aplicada a cualquier escala, desde la macroeconomía hasta estructuras moleculares.

McDonough interpela al consumidor final y su responsabilidad, pidiéndole que cambie la dinámica y costumbre en la que ha sido educado de tener siempre cosas nuevas. Exprimir al máximo los productos es posible, es rentable y es necesario.

Además, propone perseguir un objetivo muy simple: un mundo exquisitamente diverso, seguro, sano y justo, con aire limpio, agua limpia y energía, económica, equitativa, ecológica y elegantemente disfrutado.

Este mismo arquitecto y escritor es pionero en aplicar la economía circular en arquitectura, siendo artífice de muchos diseños de arquitectura sostenible y de un programa de divulgación de estas ideas, como el centro de estudios ambientales Adam Joseph Lewis en Oberlin College o la Base de la Sostenibilidad de la NASA.

Mc Donough hace referencia a lo que él llama dos metabolismos, el biológico y el técnico, que distinguen dos tipos de producto.

Nutrición biológica

El valor del concepto de la cuna a la cuna reside en la novedad, o no, del pensamiento de volver a estudiar la naturaleza tomándola como ejemplo para fabricar las cosas. La nutrición biológica son un tipo de productos fruto del aprendizaje de la tradición, como es el hecho de cultivar el mismo terreno durante 40 siglos, lo cual implica entender perfectamente el flujo de nutrientes. Siguiendo el modelo de la revolución industrial, estamos generando un problema biológico al someter la tierra con todos los materiales tóxicos que arrojamos en ella.

Basándonos en los principios de la eco-eficiencia, podemos concebir los productos teniendo en cuenta la capacidad regeneradora de la naturaleza, capaz de convertir ‘gasto’ en ‘nutriente’. Así pues, los nutrientes biológicos son aquellos que podrán fácilmente volver al agua o a la tierra sin por ello depositar materiales sintéticos ni toxinas.

Nutrición técnica

Según la filosofía Cradle to Cradle de McDonough, los nutrientes técnicos son bienes que circularán continuamente como materiales puros y valiosos en ciclos industriales cerrados, en lugar de ser reciclados en materiales y usos que sólo emplean una parte del material original y desechan el resto.

Así, productos innovadores llevados a cabo por diseñadores y científicos a la vez, pueden volver a la industria para siempre como alternativa a volver a la tierra. Un buen ejemplo es una empresa de moquetas llamada Shaw, que supone la empresa más grande de moquetas 100% reciclables del mundo, llegando a ser posible reciclar hasta sus partículas por milímetro. Tales productos están compuestos por materiales como el nylon o la poliolefina, un termoplástico sin halógenos.

Ejemplos de aplicación real de economía circular en arquitectura

El sector de la construcción supone uno de los sectores clave en la transformación energética y de gestión de recursos a nivel mundial.

La economía circular va a jugar un papel importante como estrategia para articular el cambio de modelo y por ello, la comunidad europea está trabajando en una creciente presión normativa, exigiendo una serie de cambios que respondan al nuevo modelo, como son los edificios de consumo casi nulo en los que el análisis del ciclo de vida va más allá del mero cómputo de la huella de carbono.

Básicamente, la economía circular en arquitectura pone el énfasis en 3 conceptos: durabilidad, reparabilidad y separabilidad, todo ello con el objetivo de conseguir ralentizar el ciclo lo máximo posible. Así, nos dirigimos a modelos de construcción más sencillos, pues la complejidad da fruto a componentes que no se pueden reparar o mejorar.

El uso de materiales siguiendo los principios de la economía circular pasa por la investigación de nuevos materiales constructivos, pero también por la reutilización a través del desmantelamiento de construcciones cuyos materiales son re-utilizados directamente o tras sufrir un proceso de transformación de mínimo impacto ecológico. El objetivo es eliminar y reducir la utilización de materiales que consuman recursos no renovables, que no sean reciclables o requieran gran cantidad de energía para ser extraídos, conformados, recuperados o reciclados.

A continuación, revisamos algunos ejemplos de proyectos en los que se han aplicado estrategias basadas en la economía circular en arquitectura.

Empresas que aplican economía circular en arquitectura

tabique diseño de una casa de madera bioclimática

Reciclado de residuo textil para aislamiento térmico

El sector textil es tradicionalmente un sector con una elevada huella ecológica y un inmenso impacto a nivel de residuos.

En la Unión Europea, el residuo textil es del orden de 16 millones de toneladas anuales, de los que tan solo se recicla o recupera alrededor del 15 al 20%. Si bien nos queda mucho trabajo por delante en materia de concienciación y de reducción de residuo textil, en el sector de la construcción están apareciendo ya las primeras iniciativas viables para el aprovechamiento del residuo textil en forma de aislamiento térmico.

Un ejemplo es la cooperativa vasca llamada Koopera, que  en colaboración con empresas especializadas en la construcción y la fabricación de materiales no tejidos,  ha liderado un proyecto de economía circular que convierte residuo textil en paneles aislantes para la construcción. De este modo, se calcula que se pueden recuperar en 5 años, un total de 600 toneladas de algodón post-consumo para convertirlas en 200.000 m2 de paneles.[8]

Se trata de un proyecto nacional pionero que ha revalorizado un material consiguiendo unos resultados muy buenos en comportamiento acústico y térmico, a la vez que lo complementa con un rendimiento económico muy competitivo en el mercado. Así, se obtiene un material desarrollado bajo los principios de la economía circular en arquitectura, con el consecuente valor añadido para la construcción sostenible y al mismo coste que productos no reciclados.

Si queréis más información sobre reciclaje de residuo textil en empresas a nivel nacional os recomendamos la lectura de este post en el blog de vivir sin plástico.

Tecnología automatizada para reutilizar ladrillos usados

Quizá una de las ideas más básicas y sencillas en la aplicación de la economía circular en arquitectura es la reutilización de materiales tras la vida útil de un edificio, que es algo que ya se aplica a productos que alcanzan un valor adecuado en la reutilización – como son el acero u otros metales presentes en la construcción – pero que no es tan habitual en materiales de cerámicos como ladrillos.

El ladrillo es un material de construcción tradicional cuyo principal impacto ecológico parte de un proceso de transformación mediante cocción a altas temperaturas que requieren una elevada demanda de energía. En España, país donde abundan los terrenos arcillosos y con poca tradición en construcción en madera por la escasez de materia prima, se ha utilizado tradicionalmente la pieza cerámica como material de construcción versátil tanto para sistemas constructivos como para acabados.

Los ladrillos pueden durar fácilmente varios siglos, pero los que se desechan consecuencia de una demolición suelen incorporar residuos de cemento u hormigón y la dificultad de su aprovechamiento los convierte en desechos inutilizables que acaban en vertederos o, en el mejor de los casos, se emplean como material agregado para la construcción de carreteras o subbases.

El proyecto europeo Rebrick ha desarrollado y probado un novedoso sistema que clasifica automáticamente los residuos generados en una demolición, separando los ladrillos reutilizables.

Esta tecnología fue diseñada y patentada por la empresa danesa Gamle Mursten y consta de un sistema mecánico que limpia automáticamente el hormigón y el cemento de los ladrillos viejos. Por tanto, los ladrillos pueden reutilizarse para actividades de construcción.

Este proceso implica la reducción del gran impacto medioambiental que supone la fabricación de los ladrillos puesto que incrementamos notablemente su vida útil – cada ladrillo reutilizado ahorrará 0,5 kg de CO2 en comparación con la construcción con ladrillos nuevos.[9]

Sin duda es una innovación a tener en cuenta que deberá ser replicada para que sea viable, puesto que no debemos olvidar que el caso de reutilización de materiales extraídos de un edificio desmantelado, uno de los principales aspectos a tener en cuenta es la utilización en obras próximas al lugar de extracción para no incrementar la huella ecológica del producto en forma de CO2 emitido durante el transporte del mismo.

Philips pasa de vender luminarias a vender luz

La empresa Philips ha lanzado una nueva línea de negocio que supone dar un giro de 180 grados a su producto estrella pasando de vender luminarias a ofrecer servicio de iluminación.
De este modo, Philips pasa de fabricar y vender luminarias, bombillas, cableado y detectores para vender un servicio de iluminación al consumidor. Mediante la colocación del usuario en el centro, analiza y simplifica sus necesidades en un requerimiento básico: tener un espacio bien iluminado, en el sentido más abstracto de la palabra.
Como todos los elementos de la instalación siguen siendo de su propiedad, hablamos de un alquiler de infraestructura y pasa a ser competencia de la empresa suministradora el mantenimiento del producto. Por lo que éste pasa a ser el principal interesado en alargar la vida útil de los productos y reducir a mínimos su consumo energético, pero también a permitir su proceso de recuperación y reparación para reducir costes de mantenimiento. Todo ello ajustando costes para competir en un mercado emergente de alquiler de luz.
Es una situación opuesta a la que estamos acostumbrados, en la que las empresas pasan de tener interés en que sus productos tengan caducidad o incluso obsolescencia programada a tener interés en que éstos duren lo máximo posible, sean recuperables y se puedan reparar para volverlos a poner en circulación al final de su vida útil.
Se trata de un caso de estudio muy interesante, puesto que es susceptible de implementarse en todas las empresas tradicionalmente fabricantes de un producto.

Proyectos de arquitectura en los que se aplica la economía circular

Ayuntamiento de Venlo, Holanda

Holanda tiene los índices de reciclaje y recirculación más altos de Europa. El ayuntamiento de Venlo planteó hace unos años un concurso que ganó el equipo de Kraajvanger Architects.
El concurso formulado no planteaba criterios convencionales de programa y superficie, sino estrategias de diseño y construcción para adoptar medidas de circularidad. Es decir, los concursantes debían especificar qué sistemas de trabajo, procesos y certificaciones iban a emplear para llevar a cabo el diseño del proyecto. A partir de aquí, se eligió un despacho de arquitectos y una constructora.
Kraajvanger Architects priorizó la limpieza del aire a través de filtros vegetales, la gestión del agua mediante la reducción de su consumo y recirculación, la utilización de uniones desmontables y reversibles y de materiales certificados cradle to cradle.

Respecto a los sistemas de aire, el edificio funciona mediante una chimenea solar, haciendo circular el aire por convección gracias al motor del sol y aprovechando la inercia de sus sótanos para atemperarlo tanto en invierno como en verano. Se trata de un sistema pasivo de ventilación que permite ahorrar una gran cantidad de maquinaria normalmente destinada a la ventilación mecánica.
Además, hace pasar el aire a través de pantallas vegetales para limpiarlo, gracias a la que se considera la fachada verde más grande de Europa (tiene una superficie de 2.200 m2). Ésta permite absorber partículas en suspensión y óxidos de nitrógeno, un efecto que el estudio ha demostrando numéricamente mediante estudios de cuantificación en función de las distintas especies. También se ha podido demostrar que tal superficie de verde no solo afecta a la calidad del ambiente interior, sino que influye directamente en el aire del entorno del edificio hasta 500 m de distancia.
Sumado a todas estas estrategias, se le añade la voluntad de divulgación, de hacer visible en la piel exterior un escaparate de posibilidades divididas en los dos conceptos que menciona Mc Donough: la nutrición técnica y biológica. De este modo, la fachada verde situada a Norte hace referencia al ciclo biosférico y la Sur al tecnológico, donde se sitúan captadores solares, protecciones y reflectores de luz.
La energía del edificio se genera a través de un sistema combinado de geotermia y aerotermia ambos funcionando a través de suministro eléctrico solar.
El sistema de gestión de agua parte de la premisa que el consumo medio de agua por persona al día es de 127 litros, pero de estos solo 4,5 son de agua potable. Por ello, genera un sistema con 5 redes distintas, empezando por la de agua potable y captación de lluvia. Estas dos, una vez empleadas se filtran con vegetación y reutilizan en la red de agua gris para los inodoros. La red de los inodoros se bifurca a su vez en aguas amarillas y aguas negras.
Se emplean materiales naturales como es la madera contralaminada sin adhesivos y el hormigón sin aditivos. En el terreno de la reversibilidad de las uniones para poder reaprovechar materia prima, la estrategia consiste en minimizar las uniones químicas y priorizar las que son en seco. Así, se aprovechó el proyecto nuevamente para impulsar la investigación consiguiendo que una empresa desarrollara un adhesivo reversible que permitiera retirar el pavimento cerámico, es decir un nuevo concepto, una unión química reversible.
A nivel económico, el ayuntamiento no calcula el coste de edificación en comparación a un edificio convencional, que supuso una variación de unos 3 millones de euros, sino que se puso el foco en el pensamiento a largo plazo y se valoró la inversión a 40 años vista. Se tuvo en cuenta no solo el coste de edificación, sino también los costes de explotación (mantenimiento y consumo energético y de recursos), calculando un ahorro total a lo largo de los 40 años de previsión de 17 millones de euros, un retorno del 11% de la inversión inicial gracias a la aplicación de los conceptos de la economía circular en arquitectura.[10]

Sede Leitat Barcelona

Otro edificio interesante a analizar en la aplicación de la economía circular en arquitectura es la Sede Leitat, una gestoría ambiental en el barrio de Poblenou en Barcelona, que responde a un esquema de edificio por capas.
La propuesta de este proyecto es la de dividir un inmueble en distintas capas para permitir incidir directamente en la durabilidad de la edificación, puesto que cada una de ellas será susceptible de trabajar con un horizonte temporal distinto, a diferencia de los edificios convencionales.
Al tratarse de un edificio con un programa de ensayos tecnológicos, requiere una elevada flexibilidad de instalaciones y posibilidad de compartimentación muy variable en el tiempo. Así, la Sede Leitat aplica la teoría de capas como una estrategia para desenmarañar la complejidad del edificio.
La estructura se diseña mediante dos pórticos que hacen de fachadas como único contacto con el suelo, de modo que no existe ninguna compartimentación interior que limite el diseño. A partir de ahí se le añade una envolvente y la capa de instalaciones, que van por el exterior para evitar patios y conductos. Finalmente, la capa más externa es la del acabado, que proporciona la imagen que se le quiere dar al inmueble.
Por todo ello, este edificio es un buen ejemplo de cómo a veces no resulta necesario emplear una elevada tecnología o materiales fuera de lo común para conseguir un alto nivel de circularidad. En algunos casos, un planteamiento bien hecho a nivel tipológico nos permite alargar mucho la durabilidad, reducir costes de construcción y materiales mediante su elevada prefabricación, minimizar el mantenimiento, flexibilizar los usos para que nunca caiga en estado de abandono y limitar gastos en revestimientos, entre otros.
Evidencia de ello son sus múltiples certificaciones energéticas – certificación energética A y certificación ambiental Verde 4 hojas del Green Building Council – su bajo consumo energético – 226 kWh/m2 año – y bajas emisiones de CO2 – 50 kg CO2/m2.

Referencias e información ampliada:

[1] Comisión Europea, 2020, Nuevo Plan de Acción para la Economía Circular, https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_20_420

[2] Comisión Europea, 2016, Protocolo de gestión de residuos de construcción y demolición en la UE, http://www.comunidadism.es/herramientas/protocolo-de-gestion-de-residuos-de-construccion-y-demolicion-en-la-ue

[3] Boletín Oficial del Estado, 2008, Real Decreto 105/2008, de 1 de febrero, por el que se regula la producción y gestión de los residuos de construcción y demolición, https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2008-2486

[4] Ministerio para la Transición Ecológica y del reto Demográfico, 2020, España Circular 2030, Estrategia Española de Economía Circular, https://www.miteco.gob.es/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/temas/economia-circular/espanacircular2030_def1_tcm30-509532.PDF

[5] AEDED: Construcción, demolición y reciclaje hacia la construcción circular, 2015, Guía sobre gestión de residuos de construcción y demolición, https://www.aeded.org/libreria/guia-sobre-gestion-de-residuos-de-construccion-y-demolicion

[6] Asociación Española de Reciclaje de Residuos de construcción y Demolición, 2017, Informe de Producción y Gestión de Residuos de Construcción y Demolición (RCD) en España Período 2011-2015, https://rcdasociacion.es/noticias/item/244-informe-de-produccion-y-gestion-de-residuos-de-construccion-y-demolicion-rcd-en-espana-periodo-2011-2015

[7] Green Building Council España, 2019, Informe de Indicadores para Medir la Circularidad en el Sector de la Construcción, https://gbce.es/recursos/informe-indicadores-economia-circular-gbce/

[8] Koopera Reusing Center, 2016, Aislamiento acústico a partir del textil post-consumo reciclado, https://www.koopera.org/

[9] Comisión Europea Eco-innovation, 2011, Market uptake of an automated technology for reusing old bricks, https://ec.europa.eu/environment/eco-innovation/projects/en/projects/rebrick

[10] Webminar ITeC Xevi Prat, 2020, Economía circular: casos de éxito en edificación, https://www.youtube.com/watch?v=LBOYpiaFaYc&t=2055s

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